La importancia de la educación

República Dominicana es un país con muchos recursos pero muy mal administrado. Aquí unos pocos son muy ricos y la gran mayoría vive en la miseria. Estamos en el siglo XXI y todavía no contamos con agua potable, energía eléctrica continua, servicio de salud mínimamente decente y mucho menos recibimos una buena educación. Sobre esto último hay que decir que cada vez que hacen una evaluación República Dominicana queda en el último lugar, como el país que cuenta con el peor sistema educativo.

Esto parece importarle a muy pocos o a casi nadie. Durante cuatro años contamos con una ministra de educación ineficaz, prepotente e insensible, que estaba más dedicada a la política que a la educación dominicana. Una señora que sabía que a los niños y niñas dominicanos no se les estaba dando leche en el desayuno escolar sino suero desproteinizado, y que prefirió defender a los empresarios antes que a la niñez dominicana malnutrida y poco pudiente. Una funcionaria que debió haber sido cancelada en lugar de haber sido protegida por el Poder Ejecutivo.

Pero no sólo contamos con una ministra desastrosa (y con un nuevo ministro que todavía no ha dado señales claras de cuál será su política) sino que además contamos con un presidente que confunde la tecnología con la educación, que invierte millones en un metro que no estaba incluido en su plan de gobierno, para el que no hubo licitación alguna y en el que se gastó un dineral en detrimento precisamente de la Secretaría de Educación.

Por eso hoy nuestros niños y niñas van a escuelas superpobladas y se sientan en blocks de cemento o en el piso porque no hay butacas. Muchas veces los estudiantes deben tomar las clases en el patio de la escuela porque no hay aulas o porque el lugar está muy deteriorado. En muchos casos estos estudiantes ni siquiera disponen de un baño decente, sino de una simple letrina sucia y llena de gérmenes como la que hay en la escuela de Jarabacoa, justo al lado de donde la ex ministra de Educación, la señora Alejandrina Germán, construyó una mansión con fondos que todavía no ha justificado.

Pero el problema va más allá de la infraestructura y de un desayuno escolar que es un fraude. Estamos hablando además de un sistema educativo atrasado, con muchas deficiencias, de profesores poco preparados, mal pagados y poco motivados; de un currículo educativo lleno de fisuras y tan pobre que nuestros estudiantes no están a la altura de los de otros países por lo que luego, cuando son profesionales, se encuentran con que no tienen las suficientes herramientas para competir en un mercado que cada día se vuelve más exigente. Estos estudiantes llegan con esas carencias a las universidades dominicanas en donde se encuentran también con otro sistema deficiente, poco riguroso y permisivo, que les da un título sin estar realmente calificados.

Aquí, si los padres quieren que sus hijos reciban una formación promedio o por encima de ese promedio, deben contar con el dinero suficiente para poder pagar matrículas caras en instituciones privadas a las que evidentemente la gran mayoría no tiene forma de acceder. Sin embargo, no es un secreto para nadie que los mismos funcionarios que defienden el sistema educativo dominicano tienen a sus hijos estudiando en los colegios más caros y exclusivos del país y luego los mandan a continuar su preparación en universidades extranjeras.

Es una verdadera vergüenza que en nuestro país a la educación se le preste tan poca importancia y no constituya una prioridad para el gobierno actual (como tampoco lo fue para los anteriores).

Para mí la educación tiene un valor fundamental y es la base del progreso de toda sociedad. Un pueblo que recibe una buena educación tiene mayores oportunidades de avanzar y de competir que aquel que no lo está. Un pueblo educado tiene las herramientas para desarrollar el pensamiento crítico y para tener una participación más activa, conciente y responsable en la sociedad. Las personas que han tenido la dicha de recibir una buena educación tienen mayores probabilidades de tomar decisiones correctas a la hora de elegir, precisamente porque conocen y porque gracias a eso tienen mayor discernimiento, una mirada más amplia, menos sesgada o ingenua. Además, las personas con una buena preparación son recursos valiosísimos para un país y pueden llegar a convertirse en verdaderos factores de cambio, mientras que un pueblo ignorante es más vulnerable y propenso al abuso de poder, la opresión y la explotación.

*Imágenes tomadas de diferentes periódicos dominicanos y blogs que denuncian el problema de las escuelas dominicanas.

1 comentarios

Mi cumpleaños

El pasado 30 de agosto fue mi cumpleaños. Como no íbamos a salir, hicimos una pequeña celebración estrictamente familiar en la que gozamos muchísimo. Comimos tacos mexicanos, langostinos, canapés, tarta helada y por supuesto la ginebra y el Brugal no podían faltar. Hasta hicimos una competencia de cultura general los hombres contra las mujeres y una sorpresa tipo esas que se hacían en los años 80 y 90 que decían: “Para la de la sonrisa más bella” (los dominicanos que leen este blog de inmediato sabrán de lo que les estoy hablando). Bailamos hasta que la madrugada nos mandó a la cama.

Y es que me propuse que mi cumpleaños sería maravilloso y que nada, ninguna enfermedad, ninguna quemadura o viaje cancelado lo iba a arruinar. Ese día podían dejar de felicitarme hasta el Corte Inglés o las demás páginas que de manera automática me mandan su respectiva felicitación. Nada de eso iba a impedir que yo la pasara bien y no sé qué ustedes estaban haciendo ese día en la noche, pero les aseguro que nadie la pasó mejor que yo.

Estoy muy contenta por cumplir otro año más de vida y cuando se llega a esta edad, cuando se cumplen estos “quince años” (jejejejeje) uno comienza a ver la vida de una forma distinta, comienza a pasar balance de lo vivido, a mirar las cosas desde una perspectiva quizás más madura y serena.

En estos días en los que todo el viento del mundo sopla en mi dirección (y no es metáfora porque estamos en temporada de huracanes) he pensado en lo maravilloso que ha sido mi transitar por el mundo, en todas las cosas que he hecho, en todas las experiencias enriquecedoras que he tenido.

A pesar de haber sido una niña muy tímida, en mi adolescencia pude superar parte de esa timidez y comenzar a hacer muchas cosas que al recordarlas me hacen sonreír de inmediato. Desde mis clases de taekwondo, haberle arrebatado la corona de reina del colegio a una compañera, mi experiencia en los debates estudiantiles, la vez que me disfracé de genio de la lámpara y bailé en el concurso de comparsas del colegio, mi participación en el programa de charlas de prevención de las ITS y el VIH, la vez que audicioné para una obra del colegio y como no me dieron el papel decidí que ya que era tan mala actriz yo iba a escribir las obras, cuando me dormía en las clases de derecho, mi primera publicación como periodista en el periódico Listín Diario (una entrevista al curador de arte cubano Gerardo Mosquera), cuando por fin aprendí a conducir, la experiencia de vivir en otro país, cuando formamos la pequeña biblioteca rural con mis libros, la publicación del libro De vuelta a casa que siempre será la más especial por ser la primera, cuando nació mi sobrina Amy y me enamoré de ella, cuando le abrí mi corazón a mi compañero y decidimos que cada uno formaría parte de la vida del otro, cuando por fin aprendí a cocinar… Esos son sólo algunos de los miles de buenos recuerdos que atesora mi memoria.

Claro, que también ha habido experiencias muy tristes como la muerte de mi padre y otras que no tiene sentido mencionar, pero a fin de cuentas eso es la vida, una sucesión de momentos alegres y tristes de los que siempre se podrá aprender algo.

No soy de las que dicen que no cambiarían nada de su pasado. Creo que quienes pueden decir eso son criaturas muy afortunadas. La realidad es que la mayoría de las personas siempre pensamos que pudimos haber hecho las cosas mejor o que quizás simplemente no debimos haber vivido algo. En mi caso, de haber tenido la experiencia que tengo actualmente, me habría ahorrado algunos momentos amargos y habría manejado mejor algunas situaciones, pero nadie nació sabiendo y por lo menos puedo decir que a final de cuentas siempre he procurado ser yo la que tome mis decisiones de acuerdo a mis convicciones, aunque pueda estar metiendo bien hondo la pata.

Lo importante es que he cumplido años, que sigo viva, que me siento contenta por tener más tiempo para estar junto a mis seres queridos y para vivir las experiencias que aguardan por mí en este largo y misterioso andar por el planeta.


*Fotos: 1) Yo, en mi cumple; 2) Eridania (hermana), Ro y Dahiana (hermana); 3) Mi prima Yenilda y Dahiana bailando una bachata; 4) Amy yo demostrando que podemos bajarnos hasta el suelo bailando un reguetón; 5) Dahiana y Eridania bailando un merengue.

13 comentarios

"Utopía y Posmodernidad" (Segunda parte)

RS: En el libro dices que todo creador siente la necesidad de complementar al universo. ¿A qué te refieres con eso?
FC:
Es una idea acaso influenciada por las provocaciones creacionistas de Huidobro y el título de uno de sus poemas que reza “el poeta es un pequeño dios”. Se trata de que un poeta, en tanto creador, más que remitir a la realidad monda y lironda, debe procurar llevar la experiencia y las palabras a connotar otras realidades, con características autosuficientes, independientes; a abrir ventanas ficcionales singulares. De ahí la necesidad de elaboración y alteración de los recursos del lenguaje (sintaxis, gramática, semántica) a favor de la expresividad poética. El poema, entonces, se incorporará, como mosaico prístino, al orden natural de las cosas, sea cual sea este orden.

RS: Algo que me llamó mucho la atención aquel capítulo en el que afirmas que la poesía resulta de un acto reflexivo más que intuitivo, e incluso hablas de dos tipos de escritores, los sanguíneos y los calculadores o reflexivos. Sobre esto quería preguntarte si acaso tú piensas que todo buen poema nace de una emoción estudiada y si no crees en la inspiración o en esa especie de “trance” del que hablan algunos poetas que en el que caen cuando empiezan a escribir un texto.
FC:
Antes que en trances místicos o míticos, antes que en las posibilidades del Médium, creo en el oficio y en el manejo de las herramientas, que en este caso, remiten a los recursos de la lengua y sus potencialidades figurativas. Esto no invalida existencia de momentos y circunstancias en que la sensibilidad asome enriquecida; de hecho Bretón y los surrealistas, entre ellos nuestro Freddy Gatón Arce, celebraron como método la escritura automática en procesos en donde, aseguran, aflora el subconsciente espontáneamente, según ellos, libre de censuras y condicionamientos. Sin embargo, entiendo que apostar a pescar eventualidades, es tanto como jugar a la lotería o a la ruleta rusa; existe la posibilidad matemática, aun infinitesimal, de quedarte, con un solo golpe, a pura suerte, con todo; pero mayor es la probabilidad de que sólo te mantengas entretenido en la acción de jugar, con poco o ningún resultado. El dejarse fluir a la deriva puede resultar adecuado sobre todo en aspectos de fondo, temáticos, al dejar abierta la posibilidad de que coincidan, con el lance de dados diría Mallarme, como en las técnicas de análisis denominadas tormentas de ideas, asociaciones semánticas insospechadas. Sin embargo, para la forma (y tanto arte como poesía son fundamentalmente forma) se requiere de una intervención consciente, dirigida. En el texto que refieres señalo que el verso que aparenta fresco, no necesariamente lo fue en su concepción, porque probablemente ha costado mil fraseos echados afortunadamente al zafacón. A propósito Paul Valery alega que "los primeros versos vienen de los dioses; el resto, del trabajo", afirmación con la que coincido en el planteamiento final de ese ensayo: “La poesía, Ítaca, se alcanza haciendo deambular las abstracciones definitorias de lo humano (pensamientos y sentimientos) sobre lo físico del lenguaje, las palabras; este proceso de plasmación requiere significativo esfuerzo, probablemente la relación sea de un momento de inspiración por diez de arduo oficio.”

RS: La pregunta anterior me lleva a otra y es a lo que dijo T. S. Eliot en una entrevista en la que señaló que todo gran escritor es aquel que logra evocar una emoción y escribirla tal y como si la estuviera viviendo en ese instante. ¿Crees tú que el escritor debe llegar a un nivel de madurez en el que no escriba por impulso, por asaltos de la inspiración, sino que escriba como una disciplina, como un acto de reflexión y meditación profunda y dilatada?
FC:
La historia de la literatura es la de las obras escritas, no de las soñadas, sospechadas o intuidas; de ahí que lo que define al escritor, en nuestro caso al poeta, es el ejercicio cotidiano de uso de los capacidades figurativas de la lengua: por un lado, en acción de escritura, enfrentando continuamente la página o pantalla en blanco y llenándola de palabras, organizándolas, depurándolas, hasta que conformen un fraseo que se acerque a lo pensado; y por el otro lado, en función de lectura, en tanto contacto empírico con las fuentes reales y concretas (el mundo, la realidad), pero sobre todo como involucramiento frecuente y profundo con el ámbito de tradición simbólica de las letras, a fin de cuentas materia prima del oficio, abrevando de los universos creativos, de la cultura y pensamiento, de otros autores. Aprender de otros, como en el taller medieval, no solo es enriquecedor sino imprescindible; se requieren las claves conocidas por el maestro al desarrollar las herramientas necesarias para plasmar con éxito el tiempo presente.

RS: Escribes poesía, ensayo y narrativa, sin embargo ha sido en el género poético en el que más has descollado, tanto así que tres de tus cuatro poemarios publicados han sido premiados. ¿Qué constituye para ti la poesía?
FC:
Así es, la poesía es el género al cual le he dedicado más tiempo y esfuerzo, en su seno he tenido la oportunidad de afianzar mi vocación y afinar los aperos creativos.

En respuesta a qué constituye para mí la poesía, te confieso que coincido con Mijaíl Bajtín en cuanto a que “escribir es dejar un testimonio personal de la constante mutación del mundo”; pero más que interpretación del mundo y su mutación entraña, además, una toma de posición consciente, personal; y en tanto compromiso, oriundo del asombro, procura conmover, reproducir el efecto emotivo, bien a través de elaborados versos como de textos prosados.

La poesía, repito, es primordialmente lenguaje —tanto que lo convierte en fin estético en sí—, su razón la constituye la crisis del individuo ante un universo que pudo ser perfecto. Basta mirar la historia del género para percibir el sentimiento de angustia, de incompletud, que las obras trascendentes contienen, refiriendo acaso la generalizada insatisfacción ante el fallo de la inteligencia que rige todo de no dotar la realidad, pese a su omnisciencia y omnipotencia, de los elementos necesarios para un estado perpetuo de armonía. El perenne vía crucis de la humanidad es tras la felicidad, no así del poeta —ser particularmente sensible— por la certeza de la propia incapacidad para concretizar esa aspiración, de ahí que procure artificios, tal vez los más sinceros, de enfrentar la terrible brecha entre ideal y realidad. Justa rebeldía nace de tener a la vista siempre el inexorable final; a la humanidad sólo resta el resabio como exorcismo, canalizado positivamente a través de las artes, o negativamente, mediante actos de violencia, desarraigo o el suicidio mismo. Los poetas siempre se suicidan en la palabra, en tanto aspiran a la tranquilidad que supone, pese a la paradoja implícita, el conocimiento.

RS: Fernando, no sólo eres escritor sino un gestor cultural que se ha esforzado por resaltar el arte y la cultura de nuestra Ciudad Corazón. ¿Piensas tú que un artista además de escribir debe hacer algún aporte a la sociedad?
FC:
La vocación de servicio es una opción personal, aún más, es un camino de realización como ser humano. Toda persona, independientemente de su modo de vida, debe asumir su cuota de responsabilidad por la calidad de vida de la comunidad a la que pertenece y, en sentido más amplio, de todo el planeta. No creo en el artista como un ser especial, sino, y en esto con Aristóteles, como ente social, que necesita de los otros para realizarse, y por lo tanto no está exento de aportar, además de sus creaciones, de forma humanitaria. Claro, servir a los demás no debe llevarse a niveles extremos de sacrificios, pero de alguna manera cada uno debe aportar a la armonía, a la convivencia, que a fin de cuenta redunda en un bien propio. Personas más realizadas, con mejor nivel de vida, con gustos culturales arraigados, necesariamente serán mejores vecinos y acaso mejores diletantes y lectores.

RS: Recientemente finalizó Arte Vivo, un festival cultural del que todos los artistas santiagueros se sientes orgullosos y que gracias a tu esfuerzo se ha realizado por muchos años. ¿Qué significación tiene Arte Vivo para ti?
FC:
Arte Vivo fue una necesidad expresiva de jóvenes artistas de vanguardia en una sociedad que, para mediado de los ochenta, era muy conservadora. Fue nuestra manera de ganar un espacio a fuerza de pura creación, provocación y, porqué no, de diversión. Tomar las paredes de Casa de Arte, llenarla de proclamas visuales y sonoras, dar a conocer que en Santiago existían creadores con aspiraciones universales fue toda una catarsis colectiva. Nos asombramos de la necesidad que tenía la población misma de expresarse libremente; creo, después de tanto tiempo, que fuimos sorprendidos en nuestra buena fe, fuimos por lana y salimos traquilados. Desde el inicio la actividad se convirtió más en expresión de la colectividad que de los artistas; de ahí que cada años recibamos una presión enorme de todos los sectores de la ciudad para que el evento se realice porque en realidad la comunidad se abre al contacto con lo mejor y más auténtico de la cultura dominicana y ahora también caribeña. Lo que distingue a Arte Vivo de otros festivales y manifestaciones culturales es la entrega absoluta de los involucrados: escritores, músicos, artistas profesionales (incluso de dimensiones mundiales como Johnny Pacheco, Pablo Milanés, Franketienne, Andy Montañez, Amaury Pérez, Danny Rivera, Mapeye, etc.), creadores emergentes, grupos sociales, folcloristas, activistas, que se desprenden del interés pecuniario en aras de una expresión solidaria, festiva, como contagiados por la fuerza renovadora de la primavera. En Arte Vivo todos postergan las urgencias económicas para expresarse de la forma más sublime posible, desde lo netamente popular hasta expresiones de naturaleza estéticas más elaboradas. Veintiún años después, Arte Vivo es una expresión que tiene vida propia y se sustenta en la identidad de los dominicanos, aportando en este proceso de acomodarnos a la globalidad sin perder de vista lo que somos. Todavía hoy —como fue ayer y será mañana— en Arte vivo, la indiferencia no está permitida…

RS: Hablemos ahora sobre tus proyectos. ¿Qué sigue ahora? ¿Cuál es tu próxima publicación y para cuándo la podemos esperar?
FC:
Para mí cada libro es un proyecto que se ha de concretar a largo plazo, casi siempre llevado en paralelo con otros, a veces de naturaleza distinta. En aspectos literarios, vengo trabajando otro poema-libro de aliento milenarista, apocalíptico; de hecho ya está totalmente listo, diagramado, en espera de mandarlo a imprenta. Asimismo, estoy recién finalizando un monográfico, tipo antología, sobre poetas dominicanos contemporáneos para la revista Blanco Móvil de México, a publicarse en los próximos meses. También, empecé la revisión final del segundo tomo de lecturas críticas de poesía dominicana finisecular, esto de cara al próximo año.

3 comentarios

“Utopía & Posmodernidad" (Primera parte)


Una entrevista en dos partes realizada a Fernando Cabrera, el autor de esta obra que estudia a fondo la literatura dominicana de fin de siglo
.

Sobre el libro: "Ofrezco apenas una mirada atenta, alejada de cualquier acritud personal y de síndromes de Penélope y Sísifo frecuente entre colegas..."

Fernando Cabrera es uno de nuestros escritores valiosos y a tomar en cuenta. Se ha consagrado al oficio de la escritura desde la soledad y el silencio, ha sido merecedor de altos reconocimientos y es autor de una obra bien pensada, dotada de hondas emociones y profundas reflexiones sobre la existencia del hombre, su origen, su angustia cotidiana, su soledad, sus utopías amorosas y su tedio. Pero Fernando no sólo es escritor, su talante creador también se manifiesta a través del arte visual y la composición musical.

Este artista oriundo de Santiago, nació el 30 de mayo de 1964. Egresado de la carrera de Ingeniería de Sistemas y Computación por la PUCMM, cuenta con una maestría en Administración de Empresas. En 1984 fundó el Taller Literario Héctor Incháustegui Cabral. Encabezó desde su fundación en 1985 el Colectivo de Artistas de Santiago. Además es fundador y director del Festival Internacional Arte Vivo.

Colaborador frecuente de publicaciones especializadas en arte y literatura, su obra aparece en diversas antologías y ha recibido importantes premios literarios. Ha publicado los libros: Planos del Ocio (Poesía, 2000), El árbol (1992, Premio de Poesía Casa de Teatro), Ángel de Seducción (1996, Premio de Poesía Pedro Henríquez Ureña), Imago Mundi, lecturas críticas (2000), Destierros/Currículo Vitae (2001, Premio Nacional de Poesía Universidad Central del Este) y Utopía y Posmodernidad: Poesía Finisecular Dominicana (2008, Premio Nacional de Ensayo).

Precisamente sobre su más reciente obra, un importante y exhaustivo ensayo sobre la poesía dominicana de fin de siglo, es que converso con Fernando Cabrera, además aprovecho para preguntarle sobre su gestión cultural en Santiago y sus proyectos venideros.

ROSA SILVERIO: ¿Por qué un ensayo sobre la poesía finisecular dominicana?
FERNANDO CABRERA:
Por un tiempo estuve leyendo y comentando poemarios para la sección literaria del suplemento cultural del periódico El Caribe. No obstante la abundante producción y calidad, establecer algún contexto temático o epocal, hacer un análisis comparado, resultaba difícil por la escasez de fuentes de consultas complementarias. De hecho, hay poco material crítico formal (estudios, antologías, tesis académicas, etc.) y del existente, objetivamente hablando, es poco lo aprovechable, toda vez que cualquier referencia a un autor o texto deviene muchas veces en celebración sin mayores sustentaciones o ataques impiadosos y subjetivos. Existen intelectuales con capacidad crítica indiscutida, mas falta profesionalidad crítica; dicho de otra manera, faltan críticos de oficio concentrados en análisis literarios, sin embargo, este exigente ejercicio intelectual, al igual que el de creación poética, no se remunera.

Ante la realidad de que nuestros poetas no tienen quienes les escriban, decidí, sangrando por la herida, no quedarme de brazos cruzados.

RS: ¿Cuánto tiempo y esfuerzo te tomó esta investigación y bajo cuáles criterios trabajaste?
FC:
Esta obra resultó de una investigación de una década; claro, en tiempo dividido con otras obligaciones profesionales como ingeniero de sistemas y computación, gestor cultural y, propiamente, como creador. De hecho, lo publicado en este libro apenas constituye la mitad del material redactado; el resto lo incluiré en otro volumen enfocado al análisis de poemarios específicos.

Desde el principio me propuse, contrario a la costumbre, alejarme de las tentaciones de proponer sustentaciones teóricas que pudiesen interpretarse como un manifiesto grupal, también de procurar establecer demarcaciones generacionales, ambos escenarios caldo de cultivo de desavenencias y fragmentaciones, de interés para creadores, pero no para lectores más interesados en interpretar las expresiones recogidas en los poemas, antes que pretender condicionar su naturaleza. Con la lectura de las obras publicadas fueron evidentes coincidencias de estrategias, referentes culturales, influencias, vocabularios y ejes temáticos, con la peculiaridad de que estaban escritas tanto por autores establecidos por décadas y también por noveles; entendido esto en razón de que a partir del inicio de los setentas, después de la efervescencia por las causas sociales, pasados los mayores estragos de la tiranía trujillista y la intervención militar norteamericana del 65, los poetas empezaron a plasmar sus propias urgencias individuales, apareciendo el hábitat, la oficina, las sensaciones y las preocupaciones ontológicas como nuevos detonantes de los versos, hasta desembocar en una exploración de características filosóficas y conceptuales, sobre todo a partir de los ochenta. Seguir el rastro de esta nueva sensibilidad a través de los textos fue, entonces, la aspiración.

RS: Imagino que aunque hayas sido justo e inclusivo, no todos los poetas finiseculares aparecen en el libro. En ese sentido quería preguntarte si a la hora de citar a un autor te guiaste por el lugar en el que lo ha posicionado la crítica literaria dominicana o por tus propios criterios y gustos.
FC:
En Utopía y posmodernidad no encontrarás categorizaciones tipo deporte o farándula, en donde puede más el ruido (factores de promoción y estadísticas de venta) que las nueces. Debo confesarte que desconozco si existe algún “ranking” oficial de poetas realizado por los críticos dominicanos, aunque si sé de autores obnubilados por la popularidad, que apuestan a premios literarios y a saturar espacios, sobre todo a través de Internet, con autoproclamaciones, cuando ambas cosas, popularidad y premios, importantes para la divulgación y socialización, resultan exógenas, marginales a la obra misma, puesto que no garantizan propiamente calidad, propiedad que sólo se decanta con la objetividad que aporta el pasar del tiempo. Por otro lado, no han primado mis gustos en los análisis realizados. Incluso, para mayor ecuanimidad, habrás notado que, aún siendo parte del período estudiado, en ningún momento hago referencia a mi propia producción poética, sobre el entendido que es a otros a quienes corresponde hacer una lectura crítica de mi creación.

Es inevitable, y hasta deseable por aquello de la diversidad, que como lector se filtren gustos y preferencias; mas, parte de la responsabilidad ética del crítico es echar a un lado, a todo costo, subjetividades y prejuicios, puesto que constituyen contaminantes, obstáculos para una ponderación equilibrada de los elementos de imaginación y lenguaje contenidos en una obra, en el propósito de ofrecer un camino interpretativo válido, entre muchos posibles; resultando imprescindible la aplicación de un método analítico específico bien sea de naturaleza estilística (idealista, descriptiva), filológica, sociológica o estructuralista (connotativa, semiológica). En esta oportunidad mi enfoque metodológico ha sido ecléctico, toda vez que he usado herramientas heterogéneas según los retos interpretativos que se presentaron.

Más que aproximarme a textos o autores específicos, en primer lugar hice una exploración abierta del conjunto de poemarios publicados, tanto en los que tuvieron alguna repercusión (premios, antologías, referencias periodísticas, etc.), como en los resultantes de búsquedas en bibliotecas, librerías y los referidos por los mismos autores. A partir de las tendencias delineadas en este levantamiento de información procuré clarificar estrategias formales, lenguaje utilizado por cada autor, modos de construcción de imágenes, recursos para ritmos expositivos característicos, preocupaciones temáticas, referencias e influencias perceptibles, así como las posibles claves, codificaciones y símbolos presentes. Asimismo, me propuse contextualizar la poesía local en relación a la producida en similar periodo en Latinoamérica y el mundo.

RS: ¿Cuál es el aporte que crees hace un texto como Utopía y Posmodernidad?
FC:
Como lectora pienso que estás en mejor perspectiva que yo como autor, parte interesada, para justipreciar los resultados y posibles aportes. Si te aseguro que he hecho un esfuerzo sincero por celebrar los muchos aciertos poéticos que, por las afinidades que autores y obras revelan, definen una coherente fuerza creativa, una sensibilidad finisecular, dado el marco histórico milenarista y la preocupación generalizada de ofrecer una visión globalizada.

RS: ¿Cuál esperas que sea el alcance que tenga este libro?
FC:
Tengo cruzados lo dedos y he tocado madera para que como obra de investigación tenga mejor suerte de divulgación que muchos de los poemarios que analiza, esto es, que pueda vencer la indiferencia de los lectores convencionales y que estos, sobre las motivaciones y clarificaciones, se sientan impelidos a descubrir el rico y agitado universo de nuestra poesía; también que sirva de provocación para otras lecturas atentas, criticas, de creadores, académicos e investigadores de todas partes. Lo dicho como el título, por lo pronto es utopía, dado que en nuestro país no existen canales de distribución adecuados, menos existe una política de difusión internacional. Quizás, más adelante, a través de Internet, con todo y aquello de la perdida de derechos de autor, decida colocar la obra en formato digital… En todo caso me alegrará saber que el libro ha servido como anzuelo para que se lea y estudie un poco más la poesía dominicana.

RS: ¿Ya se ha quejado algún poeta contigo por no aparecer en el ensayo?
FC:
No obstante inevitables egos consagrados desde antes de ejercer a plenitud el oficio, entiendo que no hay razón objetiva para quejas de esa naturaleza, aunque sí para coincidencias y disidencias en cuanto a los juicios emitidos; toda vez que este ensayo no tiene vocación de establecer verdades absolutas y definitivas. Aún más, entiendo que ninguna obra crítica puede, ni tampoco aspira, agotar definitivamente una temática, refiriendo todas las posibilidades de un universo estético por demás complejo y multívoco. Ofrezco apenas una mirada atenta, alejada de cualquier acritud personal y de síndromes de Penélope y Sísifo frecuente entre colegas, que puede ensancharse en el futuro con una re-edición, o bien, con las nuevas perspectivas de otro investigador con otras o mejores herramientas que complementen, amplíen, nieguen o rehagan mis apreciaciones.

RS: En uno de los capítulos iniciales afirmas que la poesía es primordialmente lenguaje. ¿Podrías hablar un poco sobre eso?
FC:
Ciertamente, afirmo que la poesía, y este no es un juicio inédito, es primordialmente lenguaje, en tanto que lo convierte en fin estético en sí. La función del poeta es juntar palabras, poner responsablemente palabras al lado de palabras; usar conscientemente, con eficacia y eficiencia, los recursos de la lengua en procura de dotarlos de armonías y contrastes que provoquen asombro, sensaciones. La poesía, entonces, palabras enlazadas rítmicamente para detonar en figuraciones la belleza, para hacernos atisbar o intuir, alguna verdad, al menos la forma en que el autor —y en él, en tanto vox populi, según Octavio Paz, a los que su emoción y pensamiento representan—, percibe el mundo, el tiempo presente.

RS: También hablas sobre la hostilidad del medio literario y me gustaría saber si podemos hablar de características particulares del ambiente literario local.
FC:
Realmente, el instinto de supervivencia es común a todos los humanos y a todas sus actividades, más cuando se trata, como es el caso, de la expresión sensible, artística, en coordenadas y circunstancias de escasez o limitación extrema. Salvo unas pocas monedas de algún premio literario o reconocimiento geriátrico ocasional y el sentimiento de predestinación que ensalza alguna reseña periodística, pocos son los recursos que nuestra media isla ofrece a un poeta (ningún mercado literario o laboral, escolaridad mínima de la población, inexistencia de incentivos y mecanismos gubernamentales o privados para apoyo de actividades creativas), de ahí que para muchos sea premisa inevitable atacar en defensa, alimentarse de las vísceras de amigos y enemigos: mientras menos para los otros, más oportunidades propias para descollar, aun cuando la distinción casi siempre está restringida al propio ghetto. Lo dicho define un abrazo mortal, un círculo vicioso, toda vez que en el veneno inyectado nada florece, ni la creación ni la socialización de lo creado. Si alguna ventaja existe es estrictamente literaria, pues la rivalidad, la competencia, alimenta regularmente el esfuerzo individual para concebir mejores obras. De la fragmentación suicida existente, de la hostilidad entre colegas, acaso devienen el desamparo y la indiferencia ante nuestra poesía, tanto en el ámbito local y más en el internacional.

5 comentarios